
Si me quitas el azul cielo
la luna blanca honrosa
y el mar
mi mar
el de los peces azules
y la gaviota naranja
He de morir de cosas así...
intento escribir de todo sin generos de ninguna clase y algun que otro poeta y amigo que secuele entre mis hojas sera bienvenido...


Los chicos con las chicas tienen que estar
las chicas con las chicos han de vivir
y estando todos juntos deben cantar
las cosas han cambiado yo soy feliz los chicos con las chicas pueden vivir
Los Chicos con las Chicas- Canción de Los Bravos
Acabo de llegar a La Guardia, villa pesquera de Galicia, capital de la langosta y las croquetas de marisco. Estudio verano: geografía, literatura española y algebra. Las clases son en la mañana. La tarde para salir con las pandillas de amigos y excursiones al Rio Miño que colinda con Portugal. Baños fríos con amigos grandes. Ahí lo conocí.
Enamorarse, lo que se dice enamorarse se siente en el estómago y en el corazón a la vez. Mi piel de 12 años se eriza. Tiemblo por dentro. El despierta mi cuerpo dormido. Mi mundo se revuelca.
Carlos Javier es estudiante de medicina, tiene 18 años, ojos clarones como la Playa de Fedorento que tantas veces recorrimos. Mis ojos melosos, mis oídos y mi boca tienen un solo norte estar en su compañía. Largas caminatas de varios kilómetros donde la risa y la conversación me embelesan. ¿Qué puedo yo hablar que no sea de mi isla y de mi familia y de mis motivos de este viaje?
¿Qué te trae a este país a estudiar?
Javi yo quería ser monja y a mis padres no les agrada la idea. Además quería ver otro mundo, estudiar y conocer amigos de otro país. Pienso que siempre he sido aventurera y sucedió. Mis padres están alegres de poderme ofrecer esta experiencia.
Tu ni hablar de monja.
Me miró a los ojos penetrando mi cuerpo. Tomó mis dos manos entre las suyas fuertes. Besó lentamente cada uno de mis dedos: meñique, anular, índice… como quien deja caer en flor nueva sus deseos. Tú, tú te casarás con un español y ese no sé si seré yo, pero tu vida está ligada a España.
Me abrazó con ternura entrelazando en mi cabello largo todos sus dedos. Con su dedo del corazón puso una gotita de saliva en mi labio inferior. En ese instante Javi borró todo lo que me quedaba de monja Y acercó su boca a mi boca. Cerré mis ojos…
Lucille Lang © Domingo, 14 de Febrero de 2010


A las muñecas les gustó el olor de su niñez. Papá, papá bésame, pidió la pintora a sus tres años, le gustó
la botellita blanca con sabor a especias que entró por su nariz. Todas pensamos en colgarnos los collares de picuelas, se llamaba así mamá?, pero el autobús nos llevó a los años de Franco en Madrid. Vimos gente echando humo por sus bocas con sus bufandas colgadas del cuello. El aire del cigarrillo negro azotó la nariz de la muñeca rubia. En voz alta dijo me huele a Madrid.
La muñeca de porcelana con piel de niña nos trajo azucenas para aplacar los olores, trajo con ella a su madre que se sentó a escuchar nuestros cuentos. Callada, Sara -Maga escondió la nieve en sus bolsillos con olor a incienso. La sangre nos nubló la vista de la casa vecina y comenzamos a tararear nanas llamando nuestros padres. Muñecos sordos llenos de polvo y cenizas.